(*) Ponencia presentada en el Congreso Nacional de Fladem – Malargüe Argentina 2015 junto a la Mg. Silvia Carabetta.
Introducción
Desde la perspectiva de Alicia de Alba, un currículum constituye una síntesis de elementos culturales que traducen una política pensada, negociada e impulsada por diversos grupos y sectores sociales, constituyéndose en una práctica subjetivante donde se entretejen juegos de saber y verdad (Orozco Fuentes, 2015). Dice de Alba que el campo del currículum es un campo de contacto e intercambio cultural (1995:65), un espacio donde distintos grupos luchan, confrontan y negocian por la imposición de determinados contenidos culturales que conformarán ese currículum. En ese sentido, en tiempos de posmodernidad y globalización, la interculturalidad es una idea que se hizo presente en el escenario de debates. Las luchas por el reconocimiento y respeto por la diversidad étnica, cultural y lingüística (Gallardo, 2004) forman parte de los rasgos de los ámbitos políticos y académicos actuales de toda América Latina, donde todas las políticas educativas de la región han asumido la tesis de promover una educación en y para la diversidad. Sin embargo, la mera enunciación no resuelve el tema, muy por el contrario, consideramos necesaria la reflexión sobre la tensión conceptual y tensión metodológica que implica la construcción de un currículum intercultural, específicamente en el caso de la enseñanza de la música, donde el desafío es la articulación entre lo común y lo diverso pensado no en términos de homogeneidad, sino pensado desde los Otros. Pensar en un currículum intercultural implica un diálogo donde se establezcan puentes entre los diferentes códigos semióticos y ello implica, necesariamente, la modificación de las identidades donde entra en tensión lo particular y lo común. En ese sentido, siguiendo a Carlos Cullen (1997), los contenidos escolares son conocimientos históricos y socialmente situados que nos permite analizar cómo se articulan las múltiples dimensiones de los contenidos, en la clase escolar en general y la de artística en particular, para la constitución de sujetos cuyas características dependerán del paradigma en el que se han asentado las prácticas docentes. En este caso, nos abocaremos a analizar la estructuración categorial de una dimensión particular del proyecto político educativo, como es la enseñanza de la música para la educación obligatoria en la Provincia de Buenos Aires, poniendo en tensión también la formación de los docentes del área, en tanto sujetos de desarrollo curricular (De Alba 1995) que retraducen el proyecto que el currículum encarna.
De contradicciones pedagógicas y epistemológicas
Puede decirse que desde la apertura democrática en 1983, las teorías críticas y pos críticas en la Argentina han ido cobrando presencia en la formación pedagógica de los docentes de la provincia de Buenos Aires, sus postulados se han ido naturalizando en los discursos de la mayoría de los docentes, aunque ello no represente necesariamente una traducción en prácticas concretas. En el caso de la enseñanza de la música, sostenemos la tesis de que existe una contradicción entre el modelo de formación pedagógica que dice: “la educación es para tod@s” y un modelo disciplinar que dice: “la música es para unos pocos”. En términos de prácticas docentes esta contradicción cobra visibilidad, entre otras cosas, a través de la tensión música popular vs. música clásica. En la tradición cultural dominante, la música clásica (como comúnmente se nomina a la música académica) quedó ligada a la idea de hombre culto, definiendo, incluso, como hombre culto, aquel capaz de comprender la complejidad estructural de esta expresión artística, de tener los códigos necesarios (el habitus, diría Bourdieu) para descifrar contemplativamente su belleza pura al mejor estilo kantiano. En la misma tradición dominante, la música popular, como un todo homogéneo, queda sobreinvestida como lo Otro, ligada a lo vulgar, a lo masivo, a lo que no es necesario estudiar y que está atado más a funciones sociales (bailar, divertir, comerciar), que a algún tipo de expresión de belleza. En su genealogía esta relación antagónica clásico vs. popular, se remite al el siglo XVIII como gran siglo moderno, donde definen los metarrelatos que guiarían las experiencias de los sujetos modernos. Allí, la definición de cultura y de educación para formar al hombre culto, quedan adherida a la música clásica. La música clásica, contigua en el tiempo a estas grandes definiciones modernas, respondía sociológicamente a cuestiones de la época. Se produce una combinación metonímica, que hoy es ya una metáfora, donde la música clásica quedó asociada, quedó investida ontológicamente a lo culto y, correlativamente, la definición de su antagónico: lo popular, lo otro, asociado a lo inculto, a lo vulgar.
Políticas curriculares y aulas para la educación musical para la diversidad
La Política Curricular de la Provincia de Buenos Aires, asume explícitamente una perspectiva intercultural como proyecto político educativo, y ello se traduce en la especificidad de la enseñanza de la música cuya finalidad principal es la de formar sujetos críticos atentos al discurrir de la música, pero también al entorno sonoro y las posibilidades interpretativas que ambos proponen. Desde esta concepción, se vuelve imprescindible desarmar la metáfora Música clásica= Cultura Culta, que lejos de tratarse de una cuestión musical propiamente dicha, se trata de una mirada sociológica y antropológica sobre lo Otro, sobre la diversidad. No se trata de nosotros o ellos, un antagónico; es nosotros y ellos, es lo clásico y lo popular, lo que implica amorosamente la interacción y comunicación recíprocas y comprende a las diversidades desde una perspectiva de derechos, favoreciendo, además, la articulación y la resignificación de ciertas tradiciones y legados, en este caso, musicales. La interpretación musical, entendida como un proceso que implica prácticas de ejecución, composición y audición en permanente diálogo sin que una prime sobre la otra, se convierte en una estrategia educativa fundamental para el diálogo entre mundos sonoros diferentes en los que encontramos elementos cognitivos que intervienen en las formas en que las culturas conocen a través de la música. La música como proceso a estudiar desde la perspectiva para la diversidad lleva a pensar cómo ciertas experiencias sonoras tienen un rol en la configuración de grupos sociales. Esta consideración habilita no sólo realizar una investigación que retome las expectativas que una sociedad tiene con su música sino que también se pueda pensar en los sonidos como estructuradores de las prácticas sociales. Apelar a la audición del sonido disidente, del sonido que no está en mi código musical particular, nos hace participar de otro mundo, de otras organizaciones que hacen menos seguro mis sonidos pero más profundas mi relación con el lenguaje musical. Los sonidos del Otro son la oportunidad de nuevas relaciones de comprensión, posibilidades de traducir otras experiencias de vida, en los que la música se convierte en el medio que canaliza las intenciones estéticas que encontramos en diferentes ejemplos. Los nuevos diseños habilitan el desarrollo de prácticas de enseñanza que no busquen una verdad en el arte sino que se internen en la búsqueda de verdades locales, parciales y contingentes que permiten interpretaciones que se renuevan que se actualizan en la praxis. La música no es un objeto fijo, con interpretaciones únicas o formas de hacer definitivas, que es como el canon académico ha tratado los diferentes discursos musicales. La clase de música fundada en la diversidad busca desarticular la heteronimia; es un espacio de resistencia y de interpretación. El arte aparece así en la clase en toda su dimensión metafórica en donde los significados están siempre diferidos, que siempre están por venir. El caudal simbólico de los discursos musicales nos permiten gestionar el diálogo, hacer evidente la diferencia y dialogar en ella. La investigación curricular exige que prestemos atención a nuevas formas de participación de los currículos en las instituciones educativas, incorporando los sonidos que la comunidad para ir tejiendo ese mosaico de culturas. A su vez, la concepción más abierta de música que se reclama desde el nuevo diseño curricular implica la inclusión en las prácticas de enseñanza de “otras” músicas anteriormente segregadas del canon: las llamadas música populares y las músicas étnicas. Los medios de comunicación son objeto de estudio en estos diseños: podemos decir con Vattimo que la estetización general de la existencia es producto de la contribución de los mass media en la forma en que interpretamos el mundo. La música aparece en ellos como u como un objeto de consumo más con articulaciones propias que se proyectan sobre el sujeto y lo invitan a reconocerse en ciertas organizaciones sonoras. La música también es una práctica discursiva que afirma la identidad, es una práctica situada que desde miradas positivas son elevadas a la categoría de universalidad para negarles el contexto. La universalidad entendida así es una trampa para borrar el contexto, para deshistorizar las prácticas de producción musical. Pensemos entre todos algunas claves para el desarrollo de estrategias de intervención docente que contextualice y ponga en escena la problemática de lo popular como categoría en permanente reconstrucción. En el contexto de la clase, los docentes reflexivos configuran una didáctica que atienda a los interrogantes reales sin que existe una planificación que abusa de una racionalización que reduce la clase a un momento puramente instrumentalista. Al respecto, podemos pensar en la idea de estrategia que propone Morin:
Una estrategia (…) se determina teniendo en cuenta una situación aleatoria, elementos adversos e inclusive,adversarios, y está destinada a modificarse en función de las informaciones provista durante el proceso (Morin, 2004).
Conclusión
Las aulas se han convertido en ambientes cada vez más complejos en lo que se refiere a experiencias multiculturales. Resulta necesario entonces repensar nuestra forma de organización curricular en la que existe un espacio para una pedagogía de la diversidad. Así, la elaboración de diseños inclusivos son oportunidades para deconstruir los discursos que operan en la configuración de los géneros musicales, desarmar las metáforas cristalizadas para rearmarlas a la luz de la interculturalidad. Historizar su constitución como tales y su devenir a través de prácticas discursivas en donde intervienen negociaciones de sentido entre los diferentes actores implicados en los hechos musicales, son aspectos en la constitución de una educación musical que resultan centrales en momentos donde los medios de comunicación nos ofrecen la posibilidad de conocer experiencias musicales de contextos diferentes.
Bibliografía
Cullen, C. (1997) Crítica de las razones de educar. Buenos Aires, Paidós.
De Alba, A. (1995) Currículum: crisis, mitos y perspectivas. Buenos Aires. Miño y Dávila
De Alba, A. (2007). “El curriculum en el contexto de la crisis estructural generalizada”. En A. de Alba, Curriculum. Sociedad. El peso de la incertidumbre, la fuerza de la imaginación. México: IISUE.
DGCyE. (2007) Marco General de la Política Educativa. La Plata, Provincia de Buenos Aires.
DGCyE. (2007) Diseño Curricular de la Provincia de Buenos Aires. Educación Primaria. La Plata, Provincia de Buenos
Gallardo, A. L. (2004). “Acerca del currículum intercultural: tensión conceptual y metodología sobre su construcción”. En 2001 Educación Revista mexicana de educación (104), (pp. 48-53)
Orozco Fuentes, B. (2015). “Vínculo curriculum y sociedad desde una perspectiva regional latinoamericana: lectura e intervención práctica”. En B. Orozco Fuentes, El cambio curricular en la Facultad de Enfermería de la UASLP. Una mirada a su historia discontinua. México: UNAM
Da Silva, T. (1.998). “Cultura y Currículum como prácticas de significación”. En Revista de Estudios del Currículum, Pomares Corredor. Barcelona
Morín, E. (2004) Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa